domingo, 25 de agosto de 2013

La verdad de una mentira


CAPÍTULO XXIII: Regreso a casa
            

A pesar que el viaje hasta la estación había sido lento y tedioso, el encontrarse sola fue favorecedor para Julia. Los constantes cambios que sufrieron sus emociones le hicieron llorar en más de una ocasión. En el instante que subió al vagón sintió que su corazón se había vuelto fuerte; aún sin saber el verdadero significado, pero ahí estaba dispuesto para afrontar todo lo que se interpusiera entre Gerardo y ella. La tranquilidad que le proporcionó el viaje la sorprendió, y sin poder evitar la ironía de sus pensamientos se dedicó a mirar los distintos paisajes que se presentaban a medida que el tren avanzaba.
         

Cuando Julia llegó, sus hermanas llevaban varios días en casa. Ema, por comentarios que logró escuchar de su madre, ya había recuperado gran parte de su salud; sus mejillas estaban volviendo a tomar ese exquisito color rosado, que todos alababan en su niñez; sus ojos ya no lucían cansados y comenzaban a recuperar el brillo que un lindo color verde les puede proporcionar; todo atribuido, según ella, a la reciente labor y dedicación de madre que profería al pequeño Matías. Misión que, como abuela entusiasta, había decidido tomar durante varios días, para que su niña pudiera descansar.

La situación de Jane era distinta, su aislamiento era un punto de preocupación para todos en la casa, la actitud tan fría que había tomado frente a la vida les llevó a preguntarse qué le había sucedido. A todos les resultaba difícil entablar una conversación sin que ella se mostrara incómoda o indiferente frente a temas que, antes de su partida, le producían entusiasmo y satisfacción. Sin embargo, como se enteró más tarde, en más de una ocasión le habían escuchado llorar y muy por el contrario de lo que cabría esperar esto les daba esperanzas, pues una parte de la Jane que conocían seguía allí. Vieron en su actitud una máscara que le permitía conectarse con el día a día.

Para Jane, la indiferencia, fue la única solución que encontró para seguir viviendo, su única fuente de energía. Le permitía mantenerse erguida, a la espera que sucediera algo que le devolviera las ganas de vivir la vida que tanto había anhelado.

Las novedades en el ceno de su familia  no dejaron de sorprender a Julia; al segundo día de su llegada volvió a encontrarse con el hombre que,  en su antigua visita, había dejado tan descompuesta a su madre, pero esta vez su presencia causaba una reacción muy distinta. Julia, no logró salir de su asombro cuando su madre le recibió con una alegría que logró comprender una vez que ella le llamara muy afectuosamente padre. El semblante del hombre era, también, muy distinto del que recordaba; le pareció mucho más joven en ese instante; la felicidad que brotaba en cada uno de sus gestos, de sus miradas, le favorecían constantemente.

A medida que pasaron los días, contando con muy poco tiempo para pensar en su propia vida, Julia, llegó a saber con detalle cada uno de los sucesos, que por esos días, tenían tan feliz a su madre. En un principio le costó acostumbrarse a la idea de que, en ese momento, tenía una familia más numerosa, así como que, aparte de su abuelo, le faltaba conocer a dos primos que estaban próximos a llegar a Santiago; a quienes éste último les atribuía la misma disposición a brindarles protección y cariño.

Con la costumbre, que solo los días saben entregar, Julia llegó a sentirse menos incómoda ante él y las afectuosas muestras de cariño que de su abuelo recibió, la llevaron a preguntarle el porqué de tal actitud para con ella, pues en algunos momentos le parecía notar nostalgia en su mirada. La respuesta que recibió la llenó de temor y más dudas.

Para ese entonces a Julia no le extrañaba que más de una persona la encontrara parecida a algún conocido, en los últimos meses le había sucedido con frecuencia, y llegó a pensar que su cara debía ser una a la que las personas relacionan fácilmente con otra; pero que su abuelo se impresionara con la similitud que mediaba entre ella y su tía la llenó de curiosidad. Las comparaciones para Julia sonaban en su cabeza como un absurdo, pues ella no concebía imaginándose parecida a alguien que no tendría, quizás, la oportunidad de conocer. Nunca hasta ese entonces había encontrado sentido a que la compararan; tal efecto se debió a que la referencia por fin tendría un nombre y, si corría con suerte un rostro al cual admirar; y así, de una vez, juzgar por sí misma si aquella aseveración era correcta.

El negocio que habían logrado instalar con su madre marchaba cada día mejor. Los pedidos de arreglos florales habían aumentado significativamente obligando a la señora Isidora a contratar dos personas para que la ayudasen; por entonces la moda de instalar pequeños lugares de reuniones para las damas había cobrado fuerza. La singularidad con la que creían contar era la particular fijación que sentían de instalarlos como terrazas, y así, en los meses que duró el verano de aquel año, Santiago, contaba con varios de estos sitios que, muchas veces, se encontraban uno al lado del otro.



Nota: ¡Hola!, después de tanto tiempo es agradable saludarles. Agradezco que pasen a darse una vuelta. Como se habrán dado cuenta le di un nuevo respiro al blog, una especie de fashion emergency, espero que les guste: cambió de color y al final encontrarán los links directos a cada capítulo de las historias que aquí he publicado.
¡Qué tengan un feliz domingo!
Les quiero mucho.
Un beso.
P.D: En el blog "Déjame contar palabras" explico algo sobre mi ausencia de estos meses; si desean pasar pinchen AQUÍ
(Jajaja, que volada soy. Ya está, he puesto el enlace que había olvidado).

10 comentarios:

Citu dijo...

Muy interesante y es genial leerte de nuevo. muy buena semana

Laura Peñafiel Manzanares dijo...

¡Bienvenida Jennieh!
Te hemos echado muchísimo de menos.
Tu visita me ha alegrado el día, ¡de verdad! ¡Mil gracias!
Y mil gracias por volver. Por continuar con "La verdad de una mentira" y con " Un día lejos del Paraíso". Son unas historias realmente preciosas. Y merecen la pena que sepamos cómo terminan.
Jane debería de contarle a alguien lo que quiso hacer el cerdo de su cuñado con ella. No está sola. Sus hermanas la apoyarían.
Gerardo y Julia merecen estar juntos y ser felices de una vez por todas. ¡Ojala sea así!
No dejes nunca de escribir, amiga Jennieh.
Tienes un don para escribir historias preciosas.
Un fuerte abrazo. Y me alegro muchísimo de que estés de vuelta.

Raquel Campos dijo...

Hola Jennieh, no sabes lo que me ha alegrado ver tu entrada, hacia tiempo que me preguntaba qué te pasaba.
Me alegra que la historia dure y como Lilian digo que Jane se merece ser feliz!!

Besos!!!

Jennieh dijo...

Citu: Gracias por visitarme y aunque vayan atrasados los buenos deseos, espero lo mismo para ti todos los días.

Un beso.

Jennieh dijo...

Laura, agradezco el que te entusiasmen tanto estas historias, siempre levantas mi ánimo, de verdad gracias. Yo también quiero saber cómo terminan estas historias, vamos a ver que nos deparan.

Un beso.

Jennieh dijo...

Raquel, gracias. No imaginas lo feliz que me siento de poder continuar. Y no desesperéis, Jane tendrá un final feliz.

Un beso.

Laura Peñafiel Manzanares dijo...

Hola Jennieh
¡Ojala tengas razón y Jane tenga un final feliz!
Ema debería de enviar al Infierno al canalla de su marido.
Deseo ver lo que va a pasar entre Julia y Gerardo. ¿Cuándo volverán a verse? ¿Qué va a pasar entre ellos?
Por cierto, tienes un premio en mi blog "Mía Stella". Pásate a recogerlo cuando puedas.
El link es el siguiente:

http://vidadeunadama.blogspot.com.es/2013/09/primer-premio-para-este-blog.html

Un fuerte abrazo, Jennieh.

Jennieh dijo...

Lili, en el capítulo que sigue ya se va abriendo camino para ambos, espero llegar pronto.

Gracias por el premio ya voy a ver.

Un beso.

Lourdes dijo...

¡Hola Jennieh! Que placer has vuelto y no me había enterado. En estos momentos no tengo ordenador, se me ha quemado la PC. Me han prestado una notebook por hoy. Te leeré sin falta en cuanto pueda. Amo como escribes y la novela me encantaba así que me tendrás pronto por aquí. Un beso grande mi niña.

Lourdes dijo...

¡Hola Jennieh! Que placer has vuelto y no me había enterado. En estos momentos no tengo ordenador, se me ha quemado la PC. Me han prestado una notebook por hoy. Te leeré sin falta en cuanto pueda. Amo como escribes y la novela me encantaba así que me tendrás pronto por aquí. Un beso grande mi niña.