domingo, 23 de diciembre de 2012

La verdad de una mentira



CAPÍTULO XVI: Sayen


Bastó que Julia conociera la particular manera de ser de Sayen para que la niña, no solo le robara su simpatía sino que, además, gran parte de su tranquilidad. Independiente de los conflictos que la niña causara en su interior, ella no podía dejar de sentir un gran cariño por Sayen.

Al culminar el primer día de conocerse, la pequeña no descansó hasta lograr informar a Julia cuál era el significado de su nombre, pacientemente esperó una oportunidad para decirlo y efectivamente la encontró, luego de la cena.

Estaban, Julia y Gerardo, reunidos en el salón cuando la niña apareció.

— Sayen, ¿qué haces levantada a esta hora?—le dijo Gerardo cuando la sintió hablar.

—Yo solo venía a dar la buena noche a los dos y…—la pequeña corrió a los brazos de Julia y le dijo— Mi nombre significa dulce, cariñosa y por mi apellido soy fuerte, así que nunca nadie me verá llorar.

Tan pronto había dado por satisfecho su deseo, la pequeña, se dispuso a salir de la habitación, Julia, que le costó salir del asombro de aquella revelación, la detuvo por un instante más preguntándole cuál era su apellido. Cuando ella iba a responder fue interrumpida por Gerardo para que sin demora se fuera a dormir. La intriga de saber el apellido de la niña no dejó tranquila a Julia, quien tras mucho pensar solicitó la información a Gerardo.

—Gerardo, espero no le moleste mi curiosidad, pero… ¿cuál es el apellido de Sayen?

Tranquilamente él le respondió:

—Es Nehuén, pero siento que algo la preocupa.

—Sí, son las últimas palabras que la niña me dijo, creo que no son apropiadas para una persona de su edad—la risa de Gerardo hizo que ella hablara con algo de enfado—. No entiendo el porqué de su risa.

—Ay, prima—dijo luego de recuperar el aliento—esa niña dice lo mismo cada vez que conoce a alguien y es usted la única que hasta ahora ha tomado con tanta gravedad sus palabras.

—Insisto, una niña no debería hablar así. Me hace pensar que ha sufrido en esta vida, a pesar, de su edad.

—Se equivoca al pensar algo así—dijo más serio—, yo jamás dejaría que ella sufriera.


Las palabras de Gerardo, en ese momento, levantaron dudas con respecto del origen de la niña, pero Julia no quiso seguir preguntando más. Un tema tan delicado podría terminar por acortar su estadía en el lugar. El temor la invadió y no quiso seguir averiguando más al respecto.
           
           

Aunque a esa altura de su estadía Julia sabía que la mujer que tanto le extrañó la primera noche era la abuela de Sayen, no podía alejar de sí las dudas del celo excesivo que encontró en las palabras de Gerardo.

María Nehuén, la abuela de la niña, era considerada por Gerardo como una madre, ella había sido más que una cocinera para su madre. Como su confidente sabía todo el sufrimiento que ella llevó en sus hombros con la mayor resignación, y sabía todos los secretos que la familia Subercaseaux escondía. Su buen corazón la había hecho merecedora del cariño que él le profesaba, a lo que se sumaba la lealtad que sentía por la familia.

La mujer era una persona sencilla, que no dudaba en dar su consejo cuando se requería, conducía, por lo demás, muy bien la casa, ella se encargaba de todo lo que se necesitara para el bienestar de sus habitantes. Nunca había querido delegar su trabajo de cocinar a ninguna de las muchachas de servicio, insistía en realizar esa labor, aunque Gerardo le reclamaba constantemente su falta de tiempo para él.

—Ñuke, cuando iremos a pasear, esta mañana está muy linda y tú ya no me acompañas nunca—le dijo Gerardo en cierta oportunidad.

—No sea tonto, que voy a hacer yo en medio de tanta juventud. Prefiero quedarme en la casa arreglando todo para cuando ustedes vuelvan. Después de todo, no veo que le haga falta mi compañía si está la niña Julia para acompañarlo. Ya, vaya, vaya— le respondió, mientras lo despedía en la puerta.

Con el pasar de los días, la curiosidad de Julia fue creciendo y junto con ella el temor y la desesperación, por lo que en esa oportunidad no aguantó más y decidida a correr el riesgo de saber por verdad todos sus temores le preguntó a Gerardo:

—Primo, quiero preguntarle algo con respecto a Sayen, pero tengo miedo que mis dudas puedan ofenderlo.

— ¿Qué quiere saber?, le prometo que no me enfadaré, creo que nunca podría hacerlo si es usted quien pregunta.

—Yo comprendo que usted tenga en consideración a María, por la amistad que, usted mismo me confesó, tenía con su madre.

—Pero…—la interrumpió intrigado.

—Es que en verdad no logro entender la gran cercanía y todo el cariño que usted profesa por Sayen.

—Ah, es eso. Había tardado un poco en preguntar.

— ¿Por qué?

—Porque no existe persona ajena a la casa que no pregunte sobre mi relación con la niña—dijo con un tono de seriedad en su voz.

—Si usted no desea contestar a mi pregunta, no se preocupé; le pido disculpas, sé que no es asunto mío.

— ¿Por qué pide disculpas?, no se preocupe. La pregunta no me molesta, usted es parte de esta familia y es necesario que conozca todos nuestros asuntos. A Sayen y a mí nos unen lazos de sangre—al sentir la tensión que se produjo en Julia se detuvo para tomar su mano y acariciarla suavemente—, ella es mi hermana— le explicó rápidamente—. Bueno, solo por parte de padre.


El color, al pálido rostro de Julia, volvió lentamente cuando escuchó aquella confesión.

—Verá, mi padre, aunque no es mi intención ofenderlo con mis palabras, él siempre fue un hombre que buscó placeres fuera del matrimonio. Un buen día trajo aquí a una joven mapuche a cuya familia, que vivía en una de las reducciones cercada por nuestro fundo, convenció con regalos y bienestar para todos; si a cambio le dejaban traerla para trabajar en la casa.

El relato que continuó a la introducción de Gerardo permitió que Julia formara una opinión de cada uno de los padres de Gerardo y tomara partido por uno de ellos. Si bien era cierto que la muchacha se dejó encandilar por el trato de su patrón, su decepción no fue menor en el momento que, éste mismo, la lanzara sin nada a la oscuridad cuando se enteró que en su vientre se albergaba una nueva vida. La madre de Gerardo, consciente de todo lo que pasaba a  su alrededor, lamentaba profundamente no poder ayudar a la mujer, por lo que unos meses antes de morir encomendó a su hijo la labor de encargarse del bienestar de la niña. Cuando Gerardo llegó hasta el hogar de los abuelos de Sayen, la niña tenía dos meses de haber nacido, el mismo tiempo que su madre llevaba sepultada; la tristeza de haber sido engañada se había encargado de quitarle las fuerzas y las ganas de vivir.

Al notar toda la precariedad que envolvía a su hermana, Gerardo, decidió llevársela consigo, allí se las arreglaron para que su padre creyera que la niña era nieta de María y poder tenerla lo más cerca posible. La muerte de su padre, dos años después de estos sucesos, le habían permitido a Gerardo mantenerse cerca de su hermana sin reservas; entregándole amor y cuidados. La niña, por supuesto, no sabía nada de su verdadero origen, motivo por el cual, Julia, prometió seguir guardando el secreto.    

9 comentarios:

María Border dijo...

Jennieh, sin tiempo para leer éstos días, me guardo el link para hacerlo cuando las fiestas me lo permitan.
Te dejé un premio y una nominación en mi blog. Gracias por el que me entregaste.
Felices Fiestas.
Premio Liebster Nominación Campaña de incentivo a la lectura
http://mariabordercuentos.blogspot.com.ar/p/agradeazco-jennieh-del-blog.html

María Border dijo...

Menos mal! yo creía que Sayen era hija de Gerardo. Hay que tener muy buen corazón para aceptar a su hermana y tenerla a su cuidado con amor, luego de lo ocurrido con su madre. Espero que Julia quiera a Sayen de la misma manera. Cariños Jennieh

Lilian dijo...

Pocos son los hombres que se hacen cargo de los hijos que sus padres engendran fuera del matrimonio.
Gerardo tiene un gran corazón al hacerse cargo de su hermana, aunque no pueda decir que lo es por los convencionalismos de la época.
Realmente, me está gustando cómo está avanzando la novela. Estoy a la espera de saber más y de ver cómo avanza la relación entre Gerardo y Julia. Seguro que Sayen les servirá de ayuda.

Lilian dijo...

Un fuerte abrazo, Jennieh.
Y espero que estés pasando una feliz Navidad.

Lourdes dijo...

Ahh me has engañado jajaja pensé que era hija de Gerardo. Muy buena estrategia de tu parte mi niña. El capítulo me ha encantado, sobre todo porque relatas que parece que estoy allí. Mis felicitaciones como siempre. Un beso y que tengas un ¡Feliiizz año!

Lourdes dijo...

¡Felicidades cariño! Que tengas un maravilloso 2013. Un besote

Raquel Campos dijo...

Feliz Año Jennieh!!!! Espero que hayas pasado unas felices fiestas!!!
Qué engañada estaba también porque la hacia hija de Gerardo. Que buen corazón tiene y seguro que Julia ahora lo aprecia más por ese gesto tan noble. Me encanta como va la historia y como las demás espero para ver que rumbos va a tomar la relación de esta pareja.
Muchos besos!!!

Lourdes dijo...

Hola cielo. Te he dejado un premio en mi blog. Un besote

princesa jazmin dijo...

Hola Jen, recién he podido leer estos dos últimos capítulos y tu posdata del anterior me dejó algo preocupada, espero ya estés mejor y hayas pasado la temporada de fiestas de la mejor manera posible.
Tu comentario en el blog me gustó mucho, gracias por esas palabras y yo también agradezco haber encontrado a una personita tan maravillosa como tú y tener la oportunidad de leer tu historia.
Me ha encantado el paseo de Gerardo y Julia, conocer a la simpática Sayen y su historia tan conmovedora. Esto enaltece mucho al caballero y le agrega otro encanto más.
El relato continúa excelente y ya quiero saber más acerca de los secretos que unen a nuestros protagonistas.
Como siempre, un placer leerte.
Un abrazo y Feliz 2013!
Jazmín.